28 Jun 2012

10 puntos a tener en cuenta para llevar un proyecto web a buen término

No, no vamos a hablar de metodologías ni de métricas establecidas. Tampoco tenemos la solución a todos los problemas que se plantean en la gestión de un proyecto web. Pero la experiencia nos ha enseñado -a base de trompicones, claro- que teniendo algunos puntos en cuenta hay más probabilidades de que el proyecto termine felizmente. En primer lugar, hay que ponerlo todo por escrito. Todo significa todo, es decir, lo que pide el cliente, lo que entendemos nosotros, lo que se dice en las reuniones y también por teléfono. Da pereza, sí, pero evita muchos malentendidos. En la medida de lo posible, redactar las especificaciones al detalle. Por eso se llaman especificaciones, si no, se llamarían generalidades. Si tenemos dudas en algo hay 2 opciones: preguntar al cliente o exponer lo que nosotros pensamos que debe ser. Una vez definidas las funcionalidades, preparar una propuesta de diseño con las pantallas más importantes -la portada o las funcionalidades más complicadas, por ejemplo-. Los cambios del diseño se hacen sobre la propuesta. Antes de entrar el desarrollo puro y duro el diseño tiene que estar aprobado al 100%. Si hace falta hacer más propuestas o modificarlas, se hacen. Mejor antes que en medio del desarrollo. Definir los campos de todos los formularios. Por ejemplo, la web va a tener un alta de usuario. En las especificaciones habrá un listado de los campos que se piden. Ahora toca afinar aún más: cuáles son obligatorios, cuáles son desplegables, qué campos desplegables son administrados, etc. Aunque parece una tarea algo técnica, hoy en día todos estamos acostumbrados a rellenar formularios web. Tomar estas decisiones con el cliente es menos complicado de lo que parece. Mostrar el desarrollo al cliente cuanto antes, aunque no esté acabado. No hace falta esperar a que esté redactado el texto del último email que envía la web para que el cliente la vea. Si ve la web y la prueba puede darse cuenta de fallos, tanto suyos como nuestros, que podremos corregir cuanto antes. Si el proyecto es grande, dividirlo en varias fases e ir enseñando cada fase. Si es realmente grande, habría que preparar además un cronograma. Así el cliente estará al corriente del estado del proyecto y, algo no menos importante, mantenemos un contacto periódico. Prever márgenes. Ni el proyecto, ni el cliente, ni nosotros somos perfectos. Los recursos no son infinitos: tiempo, dinero, personas, conocimiento. El tiempo y el dinero se acaban, las personas enfermamos o cogemos vacaciones, el cliente puede cambiar de opinión, la tecnología cambia constantemente. Flexibilidad. Para valorar los cambios durante el desarrollo. Porque una cosa es segura:  va a haber cambios sí o sí. Debemos sopesar qué cambios hacer y cuáles no. También se pueden dejar para una seguda versión de la web. Hay que negociar con el cliente en función del estado del proyecto. Esta es, en mi opinión, la parte más complicada de cualquier proyecto. Seguimiento. El proyecto no se acaba cuando la web está on-line. Hay que darle un margen de tiempo para ver la opinión de los usuarios, las estadísticas de uso y navegación -Analytics, vamos-, la indexación, etc. Una vez analizados estos factores, realizar las mejoras pertinentes. Como se puede ver, no hemos inventado la rueda. Pero a veces poner las cosas por escrito ayuda a tener una visión general de lo que implica la gestión de un proyecto web.

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